«El desarrollo desenfrenado de la tecnología amenaza la supervivencia misma de la humanidad»
Theodore Kaczynski (llamado por el FBI y la CIA con el alias de «Unabomber») ya alertó a mediados del siglo XX sobre lo que suponía la expansión técnico-científico, la destrucción del mediambiente y el avance del totalitarismo consumista. El genio matemático norteamericano defendió la destrucción de las máquinas antes de que ellas acaben con la especie humana: «abogo por una revolución contra el sistema capitalista industrial».
Theodore Kaczynski dejó la docencia en la universidad para vivir en una cabaña en los bosques de Montana. Desde allí, y a lo largo de casi dos décadas, envió numerosos paquetes-bomba que causaron la muerte de tres personas e hirieron a una veintena (fue detenido el 3 de abril de 1996, y condenado a cadena perpetua) . Con sus ataques pretendía comenzar una revolución en contra del complejo tecno-industrial, y en estos textos da las claves para evitar la catástrofe.
En el prólogo, el editor de Errata Naturae, Rubén Hernández, sintetiza el pensamiento de Kaczynski con claridad y contundencia: «En última instancia, el núcleo de la ‘genialidad’ kaczynskiana reside en haber entendido en toda su extensión algo que la izquierda y el pensamiento crítico tradicionales nunca quisieron ver: que al hacer la ultimísimas cuentas, el problema ya no es el capitalismo, sino la tecnología; no es la propiedad privada, sino la organización industrial; no son los burgueses, sino las máquinas». Es la advertencia que condesa los escritos de este libro y que hoy es más que nunca actualidad dada la gran dimensión que está tomando la tecnología y su dador supremo, la inteligencia artificial.
En su primer texto, La sociedad industrial y su futuro, se exponen las consecuencias que la industrialización ha provocado en la humanidad. Aun siendo consciente de que el progreso ha supuesto el aumento de la esperanza de vida y avances en sanidad y comodidad, Kaczynski incide en que la insatisfacción caracteriza al Homo Industrialis. Además del malestar psicológico, la alienación y el aumento de las desigualdades sociales, incide en los graves perjuicios a los ecosistemas que el imparable y despiadado progreso tecnológico ha provocado. Kaczynski también cuestiona la ‘bondad’ que esgrimen los científicos y sus gurús, al proclamar que su finalidad es la mejora de la humanidad, cuando sus motivaciones son las de muchos: necesidad de autorrealizarse, dinero y estatus social. La cuestión que nos plantea es dramática: «El sistema no existe ni puede existir para satisfacer las necesidades humanas. Por el contrario, es el comportamiento humano el que se ve obligado a cambiar para adaptarse a sus necesidades. Esto no tiene nada que ver con la ideología política o social que pretende guiar el desarrollo tecnológico. La causa se halla en la propia tecnología, pues, contrariamente a lo que se suele pensar, el sistema no se guía por una ideología sino por la necesidad que implica la técnica». Todo ello llevará a que la persona acabe siendo innecesaria.
Su segundo texto, La revolución que viene, Kaczynski lo inicia con una cita de Albert Einstein que le reafirma: «Todo nuestro progreso tecnológico tan alabado, y la civilización en su conjunto, puede compararse con un hacha en manos de un criminal con tendencias patológicas». Kaczynski habla del vacío de la cultura hedonista, de la amenaza de la supervivencia y del rechazo al materialismo; ante ello, defiende la exaltación de la libertad (individual, no económica) y otros fundamentos necesarios para sustentar una revolución que de valor a nuestras vidas.
El camino hacia la revolución, Moralidad y revolución, Una mirada anarquista, Golpear donde más duele y El truco más astuto del sistema son el resto de los textos del libro. Con ellos, Kaczynski analiza la sociedad tecnológica en donde las personas pierden libertad y autonomía, conciencia y valor, ante el poder desmesurado de la máquina. El matemático subraya la aplicación de la técnica en el tratamiento de la información y la regulación del comportamiento y el deseo humanos. Si nos informamos de una única fuente (la inteligencia artificial) todos, sin excepción, acabaremos pensando igual, actuando de la misma manera y sintiendo de forma análoga. La homogeneización humana está en marcha. Igualmente, Kaczynski trata el tema de la aplicación de la tecnología a las nuevas armas de guerra (algo que ya estamos comprobando, en manos de Estados Unidos e Israel): «… la amenaza que supone la tecnología moderna no tiene ningún precedente. Lo que tenemos que preguntarnos hoy es si la guerra nuclear, el desastre ecológico o el colapso biológico provocarán un número de víctimas mucho mayor que el de la Segunda Guerra Mundial; si la humanidad seguirá existiendo o si será sustituida por máquinas inteligentes o fenómenos de la ingeniería genética; si desaparecerán los últimos vestigios de la dignidad humana… ».
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