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¡Zas! Madrid | March 4, 2024

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Alberto Vázquez Figueroa: buzo, periodista, escritor e inventor - ¡Zas! Madrid

Alberto Vázquez Figueroa: buzo, periodista, escritor e inventor
Pedro Pozas Terrados

«No soy tan hipócrita como para entrar en el juego del Premio Planeta»

Alberto Vázquez Figueroa.

¿Quién no ha leído algún libro de Alberto Vázquez Figueroa? Quien no lo haya hecho, le aconsejo que lo haga. Sus libros son entretenidos, científicos, de aventuras, de realidades. De fácil lectura y entretenimiento, sus novelas te llevan a numerosos lugares y a diferentes épocas de la historia: África encadenada, Al sur del Caribe, Viaje al fin del mundo: Galápagos, Manaos o Ébano. La personalidad de Alberto Vázquez Figueroa es cordial, abierta, amable, siempre dispuesto a abrir su corazón y decir, sin pelos en la lengua, la verdad de lo vivido.
Además de escritor ha sido corresponsal de La Vanguardia y de Televisión Española. También es el único miembro que aún vive del equipo de Jacques Cousteau. Asimismo, es inventor (por ejemplo, ha creado un aparato para desalar agua de mar por presión o un mecanismo basado en depósitos de agua a diferentes alturas para reducir los incendios forestales).

Alberto, eres escritor, periodista, inventor, buceador, ¿con qué actividad de las mencionadas te sientes más a gusto?
Cada momento de mi vida ha sido llenado por una actividad distinta. De jovencito viví experiencias extraordinarias como buceador. Luego llegó el periodismo que me dio muchas satisfacciones. Fui corresponsal de guerra, lo que me ha valido para tener experiencias que después me han servido para mis libros. Y ya estoy en mi última etapa, mucho más tranquila, sin peligro de que te peguen un tiro. Ahora he comenzado a escribir lo que en realidad fue el sueño de mi infancia. Cuando tenía cinco años viví en el desierto, y me pasaba el día leyendo. Mi tío tenía una gran biblioteca. Han sido diferentes etapas, cada una de ellas satisfactorias. La actual, la verdad, es un poco fastidiosa.

Has recorrido mucho mundo y has pasado miles de aventuras a lo largo de tu vida. ¿Cuál ha sido la aventura que más te ha llegado al corazón y que siempre recuerdas?
Han existido muchas. Pero una de las que más recuerdo fue en las Islas Galápagos. Un día me atacó una orca y me tuve que refugiar en una roca. La orca venía buscando a las focas, pero como yo me estaba bañando con ellas, me tomó por una. Me pasé la noche en la roca y aquello fue de lo más excitante que me ha ocurrido en la vida, aunque creer que te vas a convertir en comida para peces, no es nada agradable.

Seguramente nadie sabe que fuiste el Jefe de los submarinistas en el rescate del lago de Sanabria (Zamora), tras la rotura de la presa Vega de Tera que arrasó el pequeño pueblo de Ribadalego, ocurrido el 9 de enero de 1959, y en la que perdieron la vida ciento cuarenta y cuatro personas, de las que ciento dieciséis aún permanecen bajo el fondo del lago. ¿Cómo lo viviste?
Sí, aquello fue de lo más duro que tuve que realizar. Era muy joven, sólo tenía 22 años y aún estaba en la escuela de submarinismo. Al anochecer mi profesor me dijo «Alberto ¿qué has hecho ahora que vienen dos policías a buscarte?». Imagínate, en tiempos de Franco que lleguen por la noche a buscarte… Me asusté mucho. Los policías me dijeron: «no se preocupe, lo que pasa es que se ha rebosado una presa en el lago de Sanabria, en Zamora, y hay más de doscientos desaparecidos que están en el fondo del lago. Sabemos que usted es el único profesor de buceo que vive en Madrid y queremos que reúna un equipo para ir allí a sacar los cadáveres». Reuní un equipo de quince buceadores y llegamos a Sanabria. El recorrido se realizó durante toda la noche en una furgoneta de la policía. Una noche horrenda. Llegamos al amanecer y aquello estaba todo destruido. Solo quedaba en pie la torre de la iglesia y, al lado, el rey Baltasar con su camello, porque era Navidad.
Como jefe del equipo me tocó hacer la primera inmersión con un agua que estaba a dos grados y totalmente a oscuras, todo lleno de barro. Entonces no existían los trajes de neopreno como en la actualidad, sino unos trajes en los que entraba el agua y el frío por todas partes. Tuve que orinarme para calentarme por dentro. Al no ver nada, tanteamos buscando los cadáveres porque las linternas no daban luz suficiente. Como en el fondo estaba todo revuelto con carretas, cables, coches, muebles…, no conseguimos sacar a ninguna víctima, sólo pedazos humanos. Fue horrendo. Estuvimos una semana. Cuando encontrabas un cadáver se hundían los dedos en los cuerpos deshechos. Entonces le dije al general de la Guardia Civil que aquello era imposible y que lo que íbamos a conseguir era la muerte de algún buzo.
Estuvieron varios años con la prohibición de pescar truchas ya que estas se alimentaban de los cadáveres. Fue una experiencia muy dura.

Pedro Pozas Terrados y Alberto Vázquez Figueroa.

Recientemente has recibido un premio como submarinista.
Me han dado el premio del Buzo del Año. A mí me sorprendió mucho. Cuando les pregunté el porqué del premio, me dijeron que no era por Ribadalego ni porque fuese alumno de Cousteau, sino porque escribí un libro que se llama Bajo siete mares, que fue un viaje que hice con dos amigos desde Mallorca hasta la Polinesia en un barco, donde practicaba todo el tiempo submarinismo. Me comentaron que fue el primer libro de submarinismo que se escribió y que está considerado una especie de biblia de los submarinistas. Y les dije: «Vaya, no lo sabía. Después de sesenta años, bienvenido sea».

Hablando de premios, nunca has recibido el Premio Planeta, ¿por qué crees que ha sido?
Es un absurdo. Hace muchísimos años, cada año me pedían en enero que escribiera un libro para el Planeta y yo les decía que no. Un año me acuerdo que me encontré en una cena con José Manuel Lara, fundador de la Editorial Planeta. Ya estaba mayor, en silla de ruedas, y me dijo: «Pero bueno Alberto, cómo es posible que seas el único escritor famoso de España que no tiene el Premio Planeta. Cuando vamos a arreglar eso». Le contesté: «Pues mire, nunca. ¿Por qué me quiere usted tan mal y me quiere hacer tanto daño?». Entonces, él exclamó: «¡Cómo que te quiero fastidiar con el Premio Planeta, es un millón de euros!». Yo le contesté: «Sí, sí, señor Lara, pero de ese dinero, la mitad se lo lleva el primer día Hacienda y cuando cobre mis derechos de autor, tengo que seguir cubriendo los 50.000 euros para Hacienda. O sea, que usted da el premio a Hacienda, no a mí. Aparte de eso me va a tener un año llevándome de aquí a México, de México a Buenos Aires, de ahí a Cuenca y a donde sea para presentar la novela y voy a perder otro año más de mi trabajo». Además, todo el mundo va a decir que es mi peor novela y ¡mira que yo he escrito novelas malas!
Aparte de eso, yo no soy tan descarado para ir a una cena donde hay quinientas personas sabiendo que ya me han dado el premio y simular que no lo sé esperando las votaciones. No soy tan hipócrita como para entrar en ese juego.
Yo nunca he querido ganar ningún premio. Una vez me dieron uno con el libro ya publicado. Todo es trampa. Les dije que lo quitaran en las siguientes ediciones. Nada, yo quiero mi novela y punto. Quién quiera que la compre y el que no pues nada. Para mí lo importante es que mucha gente la compre y se traduzca a muchos países.

Como reportero has cubierto también varios conflictos bélicos. ¿Qué se siente al hacerlo? ¿Es un deber informar y decir la verdad de lo que sucede?
Siempre he procurado decir la verdad. Recuerdo una vez que por decir la verdad y por implicarme mucho en la Guerra Civil de la República Dominicana, al volver a España, Fraga me quitó el carnet de prensa y estuve un año sin poder ejercer. Para Fraga yo me había implicado a favor de los rebeldes. Gracias a Dios, Televisión Canarias en TV Española, había un canario que me dejó trabajar bajo cuerda. Si no se que hubiera hecho yo sin comer. Fraga las gastaba así. Era más papista que el papa y más franquista que Franco.

«Fraga me quitó el carnet de prensa. Las gastaba así. Era más papista que el papa y más franquista que Franco».

Todas estas experiencias vividas por ti en primera persona, seguramente te han curtido para después escribir tus novelas. ¿Es así?
La experiencia, claro está, me ha servido. Si hubiera estado nada más que en mi casa, podría escribir del vecino del cuarto, del portero o lo que ocurre en el barrio. Si quieres escribir lo que ha ocurrido en Nigeria o lo que está ocurriendo ahora mismo entre Israel y Palestina, o las guerras de hoy, tienes que ir allí. Hay una cosa clara, nadie te obliga a ir a una guerra como periodista, puedes decir al director que no.
Estas experiencias te sirven para que el día de mañana tengas unos conocimientos del porqué se matan los seres humanos. Menos en Bolivia, porque allí fue un horror. Si estás en Madrid y aterrizas en el Aeropuerto de la Paz a 4.200 metros de altura es peligroso. Algunos compañeros fallecieron al aterrizar. Estar allí, en medio de un tiroteo y con un dolor de cabeza, fue un horror. Tienes que masticar coca para poder sobrevivir. A mí desde luego me gustaba ser reportero de guerra. Me había criado en el desierto y no había tenido una vida, digamos, que normal.

Sabes que siempre te he dicho que para mí eres el Julio Verne de nuestros días. Un escritor que nos lleva en cada novela a vivir aventuras muchas de ellas con un llamamiento real a la sociedad actual como por ejemplo Coltán. Algunas de ellas se han llevado al cine. En otros libros denuncias que las multinacionales y los gobiernos han frenado la puesta en marcha de tus grandes inventos, tal y como cuentas en El agua prometida o La ordalía veneno. De hecho el invento de la desoladora por presión natural era revolucionario y la obtención de agua dulce a través del agua de mar se podría lograr casi de forma gratuita en lugar de las desoladoras convencionales que son muy caras. ¿Por qué crees que tras los estudios realizados por el gobierno negaron su construcción?
He investigado a fondo y me he gastado mucho dinero, sobre todo con lo del agua, para intentar conseguir que todo el mundo tenga agua a un precio lógico y que no exista el negocio del agua embotellada que es muy grande en el mundo.
En Madrid tenemos suerte de tener un agua excelente, pero en la mayor parte de España, el agua es imbebible. La gente compra agua embotellada a unos precios horribles. El agua debe de ser de todos, nadie debe ser dueño del agua embotellada y sobre todo cuando existe un sistema inventado por mí que está respaldado por la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad de Santa Cruz de Tenerife, en el que se puede obtener 1.000 litros de agua por un euro y pico.
Lo que existe hoy en día es un negocio sucio que reporta un beneficio de 5.000 millones de euros anuales. Me acuerdo que hace unos años vinieron a mi casa amenazándome tres personas, para decirme que por qué estaba yo intentando dar agua más barata ya que estaba perjudicando a las empresas. Lo que pasa que ustedes son unos sinvergüenzas, les dije, no tienen ningún pudor que una persona tenga que estar cargando botellones de agua del supermercado. Además, al agua del grifo se le echa más productos químicos que los que necesita para que sepa peor, para que la gente tenga que comprar agua embotellada.
Con el agua se está cometiendo un crimen de lesa humanidad, y el gobierno lo consiente y se beneficia de ello.

«Con el agua existe un negocio sucio que reporta un beneficio de 5.000 millones de euros anuales».

Tienes un especial cariño por los tuaregs, de hecho dices que uno de tus mejores novelas es Tuareg. ¿Crees que es un pueblo a punto de desaparecer como muchos otros pueblos indígenas que están siendo masacrados en un claro crimen de lesa humanidad?
Los pueblos se destruyen los unos a los otros, desgraciadamente. Ahora lo estamos viendo entre los judíos y los palestinos. Los tuaregs tienen una capacidad enorme de supervivencia y cuando llegue el momento, se irán retirando a los lugares más remotos del desierto donde nadie va y espero y confío, en que sobrevivirán, porque son una raza creada para sobrevivir a todo y ya lo hacen desde hace más de 3.000 años.

Siempre has apoyado al Proyecto Gran Simio en todas aquellas firmas que hemos necesitado. ¿Qué opinas de nuestra lucha en la defensa de los derechos básicos de los grandes simios?
Tú sabes que desde el primer día que me llamaste, te apoyé de forma inmediata. Ellos son casi como los seres humanos. Siempre has contado con mi ayuda dentro de todo lo que he podido hacer. Y siempre lo haré, a pesar de que una vez en Monte Chocolate, en Guinea, me salió un gorila espalda plateada a diez metros y me dio un gran susto. Después de un rato, se dio media vuelta y se marchó. Ver a un ser de ese tamaño que pesaría 300 o 400 kilos, escuchar sus rugidos fue sorprendente y, además, ese día no se había lavado los dientes (risas).

Desde hace dos décadas estamos trabajando para que España redacte una Ley de Grandes Simios en la que entre otras cosas, salgan del negocio de los zoos y se acabe con la reproducción en cautividad ya que es traer más seres inocentes a la cautividad. ¿Apoyas esa ley?
Hay que apoyarla, Me parece muy bien. Pero debería ser para todos, no sólo para los simios. Los animales deben de estar libres. Desgraciadamente se tomó la costumbre hace muchos años de traer animales a los zoos. A mí siempre me ha parecido muy mal. Cuando llevaba a mis niños al zoo, me sentía un poco incómodo. Los animales están estresados, aunque entiendo que desde mi punto de vista que he vivido casi 31 o 40 años en África, por toda Sudamérica y el Amazonas, que lo que quieren ver a los animales cara a cara y que nunca tendrán la posibilidad, lo hagan. Claro, que verlos encerrados es muy triste.

Me gustaría que lanzaras un mensaje a la sociedad respecto a la actual situación geopolítica y crisis climática en la que estamos viviendo y sufriendo en muchos lugares de la tierra.
Que no nos matemos unos a otros, porque de verdad parece que sea una diversión. Yo he estado en varias guerras, en todas ellas han habido miles de muertos, pero ninguno de esos conflictos se han solucionado. Todo continúa después exactamente igual, sólo que dejando mucho dolor y sufrimiento.


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