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¡Zas! Madrid | September 12, 2026

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Greenpeace pide cambiar a un modelo agroecológico para evitar la subida de los alimentos - ¡Zas! Madrid

Greenpeace pide cambiar a un modelo agroecológico para evitar la subida de los alimentos
Redacción Zas Madrid

La subida del precio de los alimentos, otra consecuencia de la crisis climática

Olas de calor, sequías y otros eventos meteorológicos extremos suponen un riesgo claro para la seguridad alimentaria

El cambio climático y la dependencia de los combustibles fósiles dispara el precio de la cesta de la compra: ha subido en los últimos cinco años un 35,3%

¿Cuánto más tiene que encarecerse la cesta de la compra para que el Gobierno y el Ministerio de Agricultura actúen? Esta es la pregunta con la que Greenpeace denuncia, en el Día Mundial de la Agricultura (celebrado el pasado 9 de septiembre), la inacción del ejecutivo ante la constante subida del precio de los alimentos en España, encarecidos un 35,3% en los últimos cinco años. La organización ecologista señala como causas principales el impacto de la crisis climática en las cosechas y la alta dependencia que el modelo agrario convencional tiene de los combustibles fósiles.
La organización puntualiza que la agricultura, la ganadería y la pesca dependen en gran medida de los factores climáticos, así como de recursos esenciales como el suelo y el agua. El aumento de las temperaturas, tanto en tierra como en el mar, las sequías más intensas y prolongadas, junto con la mala gestión hídrica y los fenómenos meteorológicos extremos agravados por el cambio climático (como los picos de calor en épocas que no corresponden, las lluvias torrenciales o las borrascas), están teniendo consecuencias nefastas en las cosechas.
«No hay mejor ejemplo de la relación entre inflación y cambio climático que lo ocurrido con el aceite de oliva. En 2022 y 2023 encadenamos sequías históricas con olas de calor en plena floración del olivar, lo que asestó un golpe demoledor a su producción. Entre 2021 y 2024 el precio del aceite de oliva, insignia de nuestra dieta mediterránea, casi se triplicó, obligando a los hogares a reducir su consumo o comprar otros aceites más baratos y de peor calidad», explica Helena Moreno, responsable de Agricultura de Greenpeace.

Gas fósil en el plato
A la crisis climática se suma la vulnerabilidad geopolítica y la dependencia de los combustibles por parte del sistema alimentario. La guerra de Ucrania, uno de los graneros del mundo, ya incrementó la inflación y ahora el conflicto entre Estados Unidos e Irán, con el consecuente cierre del Estrecho de Ormuz, se está reflejando directamente en el precio de los alimentos.
El sistema alimentario español no solo depende de los combustibles fósiles para transporte, maquinaria, energía para bombeo de agua, refrigeración o para la producción industrial, también está vinculado estrechamente con la producción de los fertilizantes inorgánicos, que requiere grandes cantidades de gas natural o subproductos del petróleo. Con más de 1,26 millones de toneladas importadas en lo que va de año, España encabeza las importaciones de fertilizantes en la Unión Europea, quedando expuesta a los vaivenes del mercado del gas y a tensiones internacionales de países suministradores como Marruecos, Egipto, Argelia, Noruega o Israel.
Los fertilizantes nitrogenados son los más utilizados en la agricultura y dominan el comercio global (75% del valor total). La producción de fertilizantes nitrogenados necesita gas (como fuente de energía en un 60% y como materia prima en un 40%). A nivel global, más del 70% del amoniaco se sintetiza a partir de gas natural, lo que supone el 20% de la demanda industrial mundial de gas. En el contexto español, la corporación líder en fertilizantes Fertiberia es a la vez el mayor consumidor de gas en solo dos plantas, Puertollano y Palos de la Frontera. Cuando sube el precio del gas, no solo se encarece la factura energética, también se encarecen los fertilizantes nitrogenados. Los fertilizantes fosfatados, menos importantes en cantidad pero no en uso, necesitan roca fosfórica y azufre, y el azufre es un subproducto de la producción de hidrocarburos. Es decir, su oferta no depende del precio sino del ritmo de producción de hidrocarburos.

Cereales, menos producción en España y Europa
Los cereales, que representan un 11,35% de la superficie cultivada en España, según ESCYRE (Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos en España), necesitan gran aporte de fertilizantes, principalmente nitrogenados, y son los que más se están viendo afectados este verano por estrés térmico y déficit hídrico. Es decir, son cultivos muy dependientes del gas y son los que primero han sufrido las consecuencias de la crisis climática este verano. Según el Joint Reseach Center la producción de trigo y cebada en España ha caído un 21% y un 30% respecto a la campaña pasada. Sumado a esto, los costes de los fertilizantes son uno de los insumos más caros para los agricultores, en particular para las explotaciones de cultivos extensivos como los cereales.
En la Unón Europea, los cultivos herbáceos (principalmente cereales) abarcan más de la mitad de la superficie fertilizada, seguidos por los pastizales y los cultivos permanentes. Asimismo, el maíz forrajero y la soja, ambos cultivos para la alimentación animal, se encuentran entre los más afectados por las olas de calor y la sequía inusual de este verano en toda Europa (12% y 14%, respectivamente, respecto a la media de los últimos cinco años).
«A menor producción, es decir, menor oferta, habrá incremento de precios. Y no solo en el pan o la pasta, sino en productos de origen animal», afirma Moreno, y puntualiza: «Los cereales, que requieren grandes cantidades de fertilizantes, no se destinan principalmente a consumo humano, sino a piensos para ganadería industrial. Gran parte abastece a macrogranjas porcinas cuya carne termina exportándose, mientras que nuestras aguas se contaminan».

Por todo ello, Greenpeace demanda el cambio a un modelo agroecológico, lo que supondría reducir la dependencia de insumos químicos, como los fertilizantes sintéticos, y combustibles fósiles (Greenpeace, junto con Alimentta, ha modelizado y analizado el sistema alimentario español en su conjunto, desde la producción hasta el consumo, y han propuesto un modelo sostenible y adaptado a las estimaciones de incremento de la crisis climática y de biodiversidad). La organización también exige reordenar la producción vegetal, priorizando los cultivos destinados a la alimentación humana directa frente a los cultivos destinados a la ganadería intensiva; un plan de adaptación al cambio climático ambicioso en el sector agrario, con presupuestos robustos y coordinación entre Ministerios y Administraciones. Así como una gestión del agua justa, social y sostenible.
Asimismo, aconseja reducir la cabaña ganadera en intensivo, principalmente del porcino, debido a su alta dependencia de cereales de producción nacional e importados y su enorme contribución a la crisis climática y del agua; así como elaborar un plan de abandono de los combustibles fósiles para 2040 y el fin inmediato de los subsidios públicos a las energías fósiles.

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