Madrid callejero tiene en la técnica descriptiva su elemento primordial en ambientes, lugares no especificados y calles, sin argumentos ni personajes psicológicamente tratados. El conjunto se convierte en una sucesión de cuadros con un costumbrismo atípico, donde la putrefacción es el elemento unificador
Camilo José Cela es autor de un riguroso análisis sobre la Obra literaria de Gutiérrez Solana (1957) su discurso de ingreso en la Real Academia Española, donde explica la coincidencia de algunos de los títulos con sus lienzos, Lola la peinadora, El Rastro, El desolladero, La cola de la sopa, y otros cuadros, sin llegar a coincidir sí se refieren a la temática literaria en cuestión.
El libro Madrid callejero aparece por primera vez en 1923. El Madrid de sus calles y sus gentes serán los protagonistas del relato. La técnica literaria de Gutiérrez Solana se basa en una sucesión de imágenes extraídas de la vida misma; el libro está precedido de un prólogo donde el autor expone el origen de su escritura y se refiere, sintéticamente, a los dos temas que desarrollará: la muerte y la denuncia social. De esta última habría que señalar la dura crítica que realiza Gutiérrez Solana sobre los autores de la Generación del 98 y la nueva juventud alocada y rebelde que va surgiendo en torno a los movimientos cubista, futurista y dadaísta. Un nuevo rasgo se vislumbra en estas páginas iniciales, un sentido amargo de la existencia, lingüísticamente interpretado con profunda ironía.
Madrid callejero El Madrid callejero tiene en la técnica descriptiva su elemento primordial en ambientes, lugares no especificados y calles, sin argumentos ni personajes psicológicamente tratados. El conjunto se convierte en una sucesión de cuadros con un costumbrismo atípico, donde la putrefacción es el elemento unificador, aunque esa minuciosidad descriptiva es más apreciable en aquellas páginas donde las calles madrileñas se convierten en protagonistas. El autor comienza su recorrido literario por el Madrid de la Gran Vía, cuyo último tramo, desde Callao hasta la Plaza de España, anteriormente Eduardo Dato, se halla en sus inicios en 1922. Entre apisonadoras y desmontes va haciendo historia de algunas de las calles desaparecidas, como la de Ceres, o el callejón del Perro, con sus librerías de viejo y sus prostíbulos, en lo que constituía el barrio bohemio. Nos lleva a continuación por los ambientes más populares de Madrid, aquellos a los que acude el pueblo a divertirse: las verbenas, los bailes, las romerías, el carnaval, las corridas de toros, o el Rastro son los lugares más idóneos para hallar la amalgama bullanguera y colorista del pueblo de Madrid, pero también los mercados como el de la Cebada, de trágica historia, pues allí se ejecutaba a los condenados a muerte, como lo fueron el cura Merino, el general Riego o Luis Candelas en su momento; o los cementerios en franco abandono como el de San Martín, que se ubicaba en el hoy también desaparecido estadio de Vallehermoso.
Estructura Uno de los aspectos que resalta en toda la obra de Gutiérrez Sola es la distinción entre el paisaje natural y el paisaje urbano, entre la apertura y la cerrazón de ambos ambientes, y si el primero parece representar la libertad, el segundo posee el elemento trágico de la muerte. Quizá por eso en su pretensión de mostrar lo que es la vida para él, haya un color que sobresale en su paleta de pintor y en la tinta de su pluma: el negro, matiz en consonancia con su concepción de la existencia. El paisaje y el ambiente son oscuros, la negrura lo invade todo. Sus personajes se expresan de una forma coloquial, sencilla y llana como correspondía a la manera de hablar del escritor madrileño, pero junto a un léxico de marcado carácter coloquial, aparece un vocabulario específico, detallista, minucioso que se refiere, por ejemplo, a prendas de vestir, al carnaval, o latinismos en los que sobresale, igualmente, el humor y la burlesca ironía del autor. Para finalizar este recorrido, pobres gentes, viejos, enfermos, marginados, en general, son los protagonistas de muchas de estas páginas, porque los valores que terminará exaltando del ser humano son los de la perfección, la inocencia y la fortaleza.
El pintor, grabador y escritor José Gutiérrez Solana.
José Gutiérrez Solana, madrileño de ascendencia cántabra, nació un 28 de febrero de 1886, domingo de carnaval, y murió un 24 de junio de 1945, festividad de San Juan Bautista. Fue ese escritor que sorprende aún hoy por su extraordinaria capacidad para crear ambientes, además de por la exactitud de una prosa que refleja abundantes imágenes de buena parte del sentir de nuestro país. Inicial y esencialmente pintor y grabador (había ingresado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en 1900) es esta actividad por la que es conocido, aquí y en el resto del mundo.
Una recuperación La editorial Trifaldi recupera, Madrid callejero con prólogo de Roberto Castrovido que afirmaba en 1924: «Solana pinta cuando escribe y escribe cuando pinta; es literario, satírico, mordaz, psicólogo con el pincel, y es todo eso y además, dibujante de tipos, aguafuertista de paisajes, ¿qué es, sino un admirable aguafuerte, La plaza de la Cebada?». Jorge Guillén, bajo el pseudónimo de Pedro Villa, dedicó un artículo al libro de Gutiérrez Solana, en mayo de 1924: «Solana tiene fuerza. Está abundantemente dotado. Ve y sabe decir lo que ve. Allí donde haya bulto, chichón, resquebrajadura, desolladura, relieve orográfico –ya en el desmonte, ya en el rostro de una vieja-, solana se encarniza, se ensaña y abulta el bulto, y amorata el chichón, y hiende aún más la resquebrajadura […] Es el trapero trágico, es el deshollinador en todo el esplendor de su gesticulante negrura. Energía, desgano, crudeza, virulencia, silenciosa acritud cínica. ¡Magníficas calidades!».
Máscaras en las afueras – José Gutiérrez-Solana.
La España negra «España es una nación absurda y metafísicamente imposible; el absurdo es su nervio y su principal sostén», escribió Ángel Ganivet antes de finalizar el siglo, Los escritores del XIX creían en la evolución y mejora de las estructuras sociales. José Gutiérrez Solana fue un artista escindido entre el poder de su sentimiento y el valor de su pensamiento. Al ojo de Solana le interesaba la realidad; se convirtió en el pintor que necesitaba reproducir la mirada de su entorno, incluso cuando era capaz de relatar escenas que provenían de alguna alucinación. No disparataba, tal era su convencimiento, y se mostró testigo de cuantas escenas soñaba o imaginaba. Sus primeros cuadros son de 1906; en 1907 expuso en el Círculo de Bellas Artes; en 1910 participa con algunas de sus mejores obras en Exposiciones Nacionales. Sus imágenes ofrecen tipos humanos y tienden a la anécdota y la alegoría. Su etapa más prolífica fue entre 1920 y 1936, cuando pintó sus cuadros más extraordinarios sobre las diversas caras de una España Negra, calificativo con que bautizó su arte el crítico Manuel Abril.
La tertulia del Café del Pombo – José Gutiérrez-Solana.
El año 1920 es decisivo para Solana: publica su libro La España Negra y termina el famoso cuadro, La Tertulia de Pombo, que cuelga en el café del mismo nombre. Sobre el cuadro Francisco Alcántara afirmó: «La tertulia del café Pombo es un cuadro profundo, trágico y de tan inacabable vibración poética que no se cansa de mirarle el espectador, al que acaba por aposentársele en el alma, como todas las impresiones que forman época en nuestra historia sentimental».
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