El evangelismo viene cabalgando en el dólar a hombros de los Estados Unidos con un mensaje ultra reaccionario
Cinco nuevos templos evangelistas se abren a la semana en España
El 31 de octubre de 1517 Lutero publicó sus 95 tesis en Wittenberg. Nació así un protestantismo que rompe con la iglesia de Roma. La iglesia se partió en dos. Reforma y Contrarreforma afilaron sus espadas y las mantuvieron en alto.
Conviene recordar esta fecha ahora que parece que muchos se despiertan ante el crecimiento constante de los evangélicos en España. Después de casi colonizar Latinoamérica estarían aterrizando en nuestro país a un ritmo espectacular. Cinco nuevos templos por semana, por ejemplo. Y un montón de datos más que ponen al descubierto la magnitud de su avance.
Un reciente libro de Alejandro Pérez Polo, Asalto evangélico. Una religión al servicio del poder, retrata la importancia de este hecho. Porque no se trata de introducirse en las entrañas de la gente. Cada uno que haga con su fe lo que le dé la gana, pero las cosas cambian cuando una determinada religión remueve los cimientos políticos y sociales de un país. Y el evangelismo viene cabalgando en el dólar a hombros de los Estados Unidos, con un mensaje reaccionario e incrustándose en partidos y movimientos ultraderechistas.
Los evangélicos son un grupo heterogéneo dentro de las raíces luteranas. La Biblia y la fe son sus fundamentos. Nada de liturgias u obras a lo católico. Y un concepto que también les distingue es el de renacer. Tendríamos que experimentar en nosotros mismos esa fe salvadora.
Esto los coloca cerca del conjunto de movimientos espiritualistas de nuestros días, un espiritualismo proselitista que acaba en autoayuda. Ante esto hay que pararse y decir en voz alta que eso no es de recibo. Algunos lo avisamos desde hace tiempo. No nos hicieron mucho caso, una pena. Siempre con retraso. Concentrados en los problemas de los privilegios eclesiales de nuestro arraigado catolicismo, hemos pasado por alto esta avalancha. No hay que cejar en las denuncias más cercanas. Pero, al mismo tiempo, no debemos bajar la guardia respecto a otras con envolvente alienador.
El capitalismo no descansa. Se viste hoy con todo lo que le dé poder. Y tiene su larga mano, sus correas de transmisión. Espabilemos, desterremos la fatal manía de llegar siempre tarde. Y pongamos a prueba la laicidad que corresponde a una sociedad elementalmente democrática. Separación real de lo público y lo privado, la teocracia de todo tipo está de más. Creo que es esta una tarea que nos interpela. No vale meter a la reacción en la maleta de la religión. Los hechos están ahí, tenemos que mirarlos.
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