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¡Zas! Madrid | July 21, 2024

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'Cuentos completos' de Marcel Schwob, una literatura de profunda originalidad - ¡Zas! Madrid

‘Cuentos completos’ de Marcel Schwob, una literatura de profunda originalidad
Emilia Lanzas

Páginas de Espuma reúne los cuentos completos de Marcel Schwob, con edición y traducción de Mauro Armiño

Marcel Schwob abre un espacio que transita entre la literatura clásica y la moderna. Su talento habita en una «sencillez compleja» entre el Simbolismo y el Decadentismo, pero con una impronta tan personal que su estilo es único en el panorama literario

En este volumen se recogen todos los libros de cuentos publicados por Marcel Schwob (Chaville, Hauts-de-Seine, 23 de agosto de 1867 – París, 26 de febrero de 1905): Corazón doble, El rey de la máscara de oro, Mimos, El libro de Monelle, Vidas imaginarias y La cruzada de los niños, además de un conjunto de relatos inéditos.

Enrique Vila-Matas afirma en el prefacio del libro que Schwob es «un autor cada día más influyente en la literatura contemporánea». Una aseveración notable por tratarse de un escritor no mayoritariamente conocido y, además, muerto en 1905. Sin embargo, una vez leído, se comprende el influjo que ejerció en autores como Borges (quien lo elegió como su precursor), Faulkner, Alfred Jarry (quien le dedicaría su Ubú rey), Cunqueiro o Bolaño, y que su presencia esté aún tan presente. Ningún lector puede quedar ajeno a sus cuentos «llenos de iluminaciones».

El estilo de Marcel Schwob se caracteriza por una «sencillez pavorosamente compleja» (como indicó Remy de Gourmont) unida a una ironía latente y a su facilidad para relatar las historias más extraordinarias como si fuesen hechos comunes. Una rara avis que escribía a contracorriente de su época y que «planteará un tipo de narración absolutamente distinta, que huye sobre todo de la disección de la realidad», como apunta Mauro Armiño en el prólogo.

Schwob al hablar de su libro Corazón doble define, en realidad, su concepción del arte literario: «En estos cuentos se encontrará la preocupación por una composición especial, donde la exposición ocupa a menudo el principal papel, donde la solución del equilibrio es brusca y final, donde se describen las aventuras singulares del espíritu y del cuerpo […] A veces presentarán la apariencia de fragmentos; y entonces se las deberá considerar como parte de un todo, ya que se ha elegido sólo la crisis como objeto de representación artística».

En El rey de la máscara de oro, Schwob nos relata con total naturalidad historias crueles, soeces, terribles.

De Vidas imaginarias Borges explicó cuál es el signo distintivo de estos relatos de Schwob: «Para su escritura inventó un método curioso. Los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos». El autor, por su parte, declara que la ciencia histórica provoca numerosas incertidumbres sobre los grandes personajes recónditos (entre otros: Empédocles, Séptima, Petronio o Walter Kennedy), y qué mejor que la literatura para dar respuesta a estas irresoluciones.

La cruzada de los niños explica la aventura medieval protagonizada por miles de niños europeos dispuestos a liberar Jerusalén. De este hecho histórico, ya de por sí extraordinario, Marcel Schwob escribió esta nouvelle, en 1896. Una historia dramática y terrible narrada con sobria precisión.

En Mimos (libro protagonizado por Mimos de Herodas quien creó los Mimiambos), Marcel Schwob pretende completar literariamente sus propia obra, mediante la intervención fabulosa del poeta Herodas: «El poeta Herodas, que vivía en la isla de Cos bajo el buen rey Ptolomeo, envió hacia mí una delicada sombra infernal a la que había amado en este mundo. Y mi habitación se llenó de mirra, y un ligero soplo heló mi pecho. Entonces mi corazón se pareció al corazón de los muertos: porque olvidé mi vida presente».

Sobre El libro de Monelle resulta inevitable incluir el acertado comentario de Ariel Dilon: «Mucho de lo que dice Monelle allí podría leerse como un credo estético, un manifiesto del arte del caos que anticiparon el propio Schwob y Jarry, y que tiene sus antecedentes en Arthur Rimbaud, Henry de Lautréamont, Charles Baudelaire, y mucho antes, Francois Rabelais y Francois Villon, a quien tanto admiró Schwob. Monelle celebra el culto del instante, enseña a destruir lo pasado, instrucción que podría corresponder al budismo o al taoísmo, pero que al mismo tiempo sirve como invitación a quemar las formas anquilosadas de un arte perimido».

La esmerada edición de estos Cuentos completos de Marcel Schwob con profusas notas a pie de página y la inclusión de los prefacios que el propio autor hace de cada uno de sus libros —y que predisponen al lector sobre los cuentos que va a leer (observaciones que a veces parecen proceder de un espectador ajeno)— configuran un libro más que notable.


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